Plinio el Joven, Epistolario, 19


   Pero su auténtica pasión, no se cansa de repetirlo, es la literatura, y en particular la poesía. Lo cierto es que los pocos versos que nos han llegado son los que tuvieron cabida de algún modo en este Epistolario. En sus cartas alude a muchos poetas que eran contemporáneos suyos y a los que sólo conocemos por ellas, la composición de poemas era mayoritariamente entendida como una actividad de recreo, una ocasión para lucir sus actividades y que era practicada de manera generalizada por caballeros, nobles y patricios. Esta tradición volverá a aparecer en Europa de la mano de trovadores y sobre todo de las trovairitz, es decir de trovadoras, a finales del siglo XI. Mujeres de la nobleza que componían versos acompañados de música y a las que será preciso dedicarles un capítulo más adelante, y no sólo por la escasez (o arrinconamiento) de su número (el de mujeres) dedicadas a la producción literaria sino por su calidad y por los asuntos que tratan, sin duda una visión de la vida y de la Edad Media sorprendente por su actualidad y distinta a la que los hombres hemos transmitido. También las había en el pueblo llano pero creo que no nos ha llegado nada. Una pena.
   Regresamos al asunto inicial y parece que al principio no le concedió la importancia que luego adquiriría para él al ver la fama y la gloria que le podrían reportar en el presente y sobre todo en el futuro. Te ofrezco los intrascendentes versos que he compuesto para mi diversión (4,14). Recibirás junto con esta carta algunos de mis endecasílabos, que he ido componiendo por entretenimiento en mi tiempo libre, aprovechando los paseos en carruaje, o durante el baño y las comidas. En algunos de ellos bromeo, en otros me burlo, amo, me lamento, me quejo, me enfado o hago descripciones...
   Estas composiciones eran consideradas como un buen método para mejorar la retórica.
   En 4,18 le vemos alabar las composiciones de un amigo compuestas en griego, lengua que Plinio considera superior al latín y eso a pesar de ser contrario a lo que pensaba su ídolo Cicerón. En 5,3 se habla de un debate sobre sus versos y los justifica con que grandes hombres se han dedicado como él a componer. Parece que ya en su tiempo no tuvieron mucha aceptación, así que en 7,4 tras la publicación de su obra Endecasílabos un amigo le pregunta cómo se ha decidido a escribirlos pues lo tiene por persona seria. Aparte de contestar que siempre le ha atraído la poesía le relata como nació su primer poema y lo incluye en la carta y es una de las dos muestras que se conservan.
   La última ocasión que tenemos de leer sus versos es la carta 7,9 en la que aconseja a un amigo como ejercitarse en la composición literaria. Plinio cree que lo más útil es traducir obras del griego al latín y del latín al griego, se llega a conocer el verdadero significado de las palabras y toda su belleza, se domina la riqueza de las figuras del estilo, se alcanza la capacidad de exponer adecuadamente cualquier asunto y se adquiere fertilidad creativa. También es partidario, ya lo ha dicho, de mezclar la seriedad con la jovialidad(8,21), es su excusa recurrente para dedicar su tiempo, aunque lo reconozca a duras penas, a la poesía. Tal como hace en sus defensas, intentará no dejar nada atrás para tratar de agradar a todos y con el fin de que nada importante quede al margen de su discurso, y cuando acude a la presentación de un libro de poemas nuevos nos lo deja claro, mi libro presentaba una gran variedad de poemas y de metros. Dado que no confío demasiado en mi talento, éste es el medio por el que procuro evitar el hastío de mis oyentes.
   Pero también tiene dudas sobre sus capacidades (9,29) y nos las confiesa, y no por humildad ya que ésta no se considerará una virtud hasta el triunfo del cristianismo, así como el orgullo sí lo era pero sólo en el caso de los poderosos, los que formaban parte del pueblo no tenían por qué. Así como es preferible llevar a cabo una sola empresa en la vida, pero insigne, antes que muchas mediocres, así también lo es llevar a cabo muchas empresas mediocres, si no se puede llevar a cabo ni una que sea insigne. Guiado por este principio, yo pongo a prueba mi talento en varios géneros literarios, pues no confío demasiado en mi excelencia en ninguno de ellos.

   Hasta aquí hemos hablado de sus nueve primeros libros de cartas. Vemos la enorme cantidad de temas y de destinatarios, que la prosa es cuidada pero sencilla a la vez, que los tonos varían de unas a otras y que se dirige a nosotros con franqueza y naturalidad, nos habla de sí mismo, de sus deseos y de sus miedos, de como son las cosas para él, de sus pensamientos, de los deberes, en fin, que nos pone su vida delante de nuestros ojos. Desconocemos como se publicaron, parece que de tres en tres pero no queda claro, y tampoco se sabe el cuándo, que se piensa pudo ser antes de su partida como gobernador hacia Ponto-Bitinia donde en poco tiempo fallecería. Pero disponemos de un décimo libro del que hablaremos a continuación.
   

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