De todo lo observado podemos deducir que su máxima aspiración, tras la de trascender a su tiempo, es llevar una vida ordenada retirado en una de sus villas en el campo. Es ahí donde puede disfrutar de su ocio haciendo las cosas que le gustan, cazar, escribir poesía, reelaborar sus discursos y revisar su correspondencia. Los medios siempre los tuvo, lo único que se interpone a su deseo es su inmenso sentido del deber y la responsabilidad que atribuye a su posición social. Cree, sinceramente, que hay una edad, cuando uno se hace mayor, en la que se debe abandonar la vida pública y libre ya de ocupaciones dedicar su tiempo a uno mismo. Pero haciendo las cosas que él considera apropiadas y sanas a esa edad. De ahí sus elogios a los que así lo hacen. La carta 3,1 nos lo aclara: Por mi parte, me causa tanto placer la contemplación del curso regular de los astros, como la de la vida regular de los seres humanos, y en especial, de los ancianos. Pues mientras que en l...