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Mostrando las entradas de marzo, 2018

Montesquieu, Cartas persas, 4

   En esta, podemos llamarla, primera parte, también hablarán los eunucos entre ellos, IX, XV, XXII, ampliando nuestra comprensión del serrallo. Pero también nos hablará el protagonista de sus dudas ante el viaje y la separación de sus mujeres, "no es que las ame, ni siquiera las deseo, he evitado el amor y lo he destruido con sus propias armas", y de la verdadera razón por la que deja Isfahan, VI y VIII, "alejarme de una corte corrupta, dónde con la verdad turbé a la adulación, dejando atónitos a los adoradores y al ídolo".    La carta X, la recibe Usbek, de su amigo Mirza. Echa de menos sus conversaciones sobre la moral y la felicidad porque los mulajs le desesperan con sus citas del Corán (aquí podríamos poner el nombre de cualquier texto sagrado), porque no me dirijo a ellos como creyente sino como hombre, ciudadano y padre de familia. Comenzamos a ver algunos de los planteamientos que trae la Ilustración, una nueva religiosidad y la fe puesta en la razón. ...

Montesquieu, Cartas persas, 3

   Con las Cartas Persas, lo que consigue es reunir y mezclar en una novela epistolar, con acierto, el desarrollo de una tragedia personal del protagonista, con la sátira de las costumbres, la crítica institucional, la moral y la teoría política de un experto en derecho.    Aunque esos temas van a ser tratados de forma dispersa en el epistolario, mezclados entre sí, pero siempre siguiendo la evolución del protagonista y su drama del harén, de manera que nos resultará su presentación muy natural a pesar de no estar agrupados.    Los protagonistas principales, Usbek y Rica, quedan bien definidos por su correspondencia, la más abundante. Setenta y ocho del primero por cuarenta y seis del otro, de ciento sesenta y una en total. A Rica le llamará la atención los temas más pintorescos y superficiales de la vida francesa, expondrá sus opiniones con menos reflexión y prejuicios que Usbek, que se sentirá atraído por los asuntos filosóficos, pensando y comparando ...

Montesquieu, Cartas persas, 2

   Su obra más famosa, "El espíritu de las leyes", la escribió en su castillo, como ya hemos visto, "donde siento mis pies sobre el dinero", fue publicada en Ginebra, el año 1.748, con un enorme éxito, pero también de forma anónima. Habla de los conceptos de poder ejecutivo, legislativo y judicial y de la relación que deben tener entre ellos, creando una serie de contrapesos que los equilibre. Hoy casi todas las constituciones democráticas recogen la separación de poderes que propugnaba Montesquieu. "Es una experiencia eterna, que todo hombre que tiene poder, tiende a abusar de él". Entre gobernantes y gobernados existe un antagonismo esencial, el equilibrio es muy difícil y sólo se puede lograr a base de concesiones mutuas que limiten sus poderes.    Los sectores más integristas iniciaron una persecución en toda regla de ésta obra, fue incluida en el Índice de libros prohibidos; los filósofos más combativos también la atacaron, la consideraban una propu...

Montesquieu, Cartas persas, 1

   Charles Louis de Secondat, señor de La Brede, donde nació en 1.689, cerca de Burdeos, posteriormente heredaría el título de barón de Montesquieu. Desarrollará su actividad de jurista y filósofo político durante la primera mitad del siglo XVIII; el siglo de la Ilustración, que es un movimiento de renovación intelectual, cultural, ideológica y política, donde todo se investiga y todo va a ser cuestionado. El llamado también, Siglo de las Luces, porque los hombres, iluminados por la luz de la razón, deberían establecer una nueva organización social que reemplace a la que el Antiguo Régimen mantiene desde la Edad Media, basada en la injusta división de la sociedad en estamentos cerrados, nobleza, clero y plebeyos.  Con una burguesía consolidada y cada vez más poderosa, con el ensanchamiento del mundo y los avances científicos y descubrimientos que van mejorando las condiciones de vida, es casi imposible que no desprecien el pasado, que renieguen de las viejas creencias ...

Fedro, Fábulas, 5

   El prólogo de su último libro nos cuenta sus razones para seguir escribiendo, a pesar de que había decidido terminar. A las fábulas ya escritas, no las llama de Esopo sino esópicas, que ni mucho menos significa lo mismo, y se reafirma en que seguirá componiendo en su estilo, aunque "valiéndome de cosas nuevas." El libro está dedicado a su otro amigo, Particulón.    Unos caminantes y un ladrón    Dos hombres caminaban despreocupados, cobarde uno, pero valiente el otro. Les asalta un ladrón y amenazándoles con darles muerte, les pide la bolsa. El valiente se abalanzó sobre él y le atravesó con su espada. Muerto éste, acude el compañero cobarde, desenvaina su acero y dice: Déjamelo que le haré saber con quien se las ha de ver. Entonces el que lo había matado, le respondió: me hubieses ayudado antes con tus palabras, y me habría sentido alentado creyendo que iban de veras. Pero ahora, envaina la espada y también esa lengua fanfarrona, y trata de engañar ...

Fedro, Fábulas, 4

   Como hemos podido ver, incluso después del proceso, cada vez que habla de sí mismo o de lo que hace, se muestra muy seguro y convencido del valor de su obra y de su utilidad. La penosa situación en la que se encuentra tras el proceso, no logra intimidarlo para que se calle y la abandone, ni para que cambie de opinión respecto a la sociedad en la que vive. Vamos a ver otra historia:    Un hermano y una hermana:    Instruido con este caso, examínate a menudo.    Cierto hombre tenía una hija muy fea y un hijo de hermoso aspecto. Enredando los dos, por casualidad, se miraron en un espejo. Él se ve guapo y se burla de la fealdad de su hermana. Ella se enfada y le acusa ante su padre, de que siendo hombre, eche mano del espejo más que las mujeres. El padre abraza a los dos y dándoles besos y caricias a ambos, les dice: quiero que uséis el espejo todos los días. Tú, hijo mío, para que no afees con los vicios tu hermosura. Y tú, hija mía, para que...

Fedro, Fábulas, 3

   En el prólogo de su segundo libro, nos revela que su intención es la misma que la de Esopo, enseñar con ejemplos, y no le importa que sus historias pierdan la gracia con tal de que deleiten el oído y sean útiles sus enseñanzas. Por ello pide comprensión al lector por insertar cosas suyas.    La comparación con Esopo, ya consagrado, no le beneficia y siempre trata de dar a conocer lo que les une y lo que les diferencia para apoyar su propia obra. Siempre con el convencimiento del valor de su trabajo y la novedad que supone en el género.    Un águila, una corneja y un galápago    Un águila levantó en alto a una tortuga, y como ésta había recogido su cuerpo entre sus conchas, allí encerrada no podía ser herida de ningún modo. Vino por los aires una corneja y volando cerca del águila, le dijo: has echado las garras a una buena presa, pero si yo no te enseño lo que has de hacer, te fatigarás en vano con esa pesada carga. El águila le ofrece par...

Fedro, Fábulas, 2

   En sus cinco libros, podemos ver muchas fábulas atribuidas a Esopo junto a las suyas. No debemos extrañarnos de esto porque no se había desarrollado el concepto de propiedad intelectual en sus tiempos, más bien no existía, de manera que cualquiera podía ir a una fuente ajena e incorporarla a su trabajo. Algo más habitual en la Antigüedad de lo que podemos imaginar y enumerar.    De sus historias podemos deducir que reivindica la astucia como el único recurso de los pobres ante los poderosos y la conveniencia de adaptarse a las circunstancias para sortear los peligros. Algo que se puede apreciar en sus interpretaciones o moralejas de las historias y que aún hoy día sigue siendo un buen consejo.    Como sus historias son menos conocidas, me extenderé algo más con ellas que con Esopo. Aunque me parece que es un caso similar al Quijote, muchos lo conocen pero pocos lo han leído.    En el prólogo de su libro I, reconoce la importancia de Esopo, ...

Fedro, Fábulas, 1

   La fábula, como el resto de las manifestaciones artísticas y culturales griegas, fueron asimiladas muy pronto por el mundo romano. Ocasionalmente, algunos autores como Horacio, Cicerón o Apuleyo, la incluyeron en alguna de sus obras. Cicerón nos dice que "sería superfluo el empeñarnos en probar la utilidad, que de suyo traen las buenas fábulas; las personas fingidas que en ellas se introducen, son como espejos, en que se ve lo malo, para evitarlo, y lo bueno para abrazarlo."    Pero el autor más destacado dentro del género literario de las fábulas, es Cayo Julio Fedro, un liberto nacido en Macedonia, según él, cerca del monte Peirio, sede de las Musas, aproximadamente en el año 20 a.C., era un esclavo de la casa de Augusto, traído muy joven a Roma, donde pudo recibir una educación esmerada en latín. Ya liberado, ejerció su actividad literaria durante los mandatos de Tiberio, Calígula y Claudio. Murió alrededor del año 50 d.C. pero no conocemos la fecha, siendo p...

Esopo, Fábulas, 2

     Las dos alforjas    En otro tiempo Prometeo, que había modelado a los hombres, colgó de ellas dos alforjas, la de los males ajenos y la de los propios.Y la de los extraños la colocó delante, la otra la colgó detrás. De ahí que los hombres ven enseguida los males ajenos pero no reparan en los propios.    Uno podría servirse de esta fábula para un integrante que, ciego ante sus propios asuntos, se preocupa de los que no le interesan en absoluto.    En castellano tenemos un dicho que significa lo mismo:    Ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio.      Durante mucho tiempo se dudaba de si el origen de la fábula lo debíamos de situar en Grecia o en la India. Hoy se conocen fábulas sumerias, acadias, asirias y babilónicas, así que no hay duda de que nació en Mesopotamia, llegando a Grecia a través de Asia Menor, y a la India a través de Persia. Además, las dos tienen influencias mutuas debido ...

Esopo, Fábulas, 1

   Cuando hablamos de fábulas, pensamos en animales y nos viene a la cabeza un nombre: Esopo. Un personaje que podemos situar en Grecia en el siglo VI a.C. pero del que poco o nada sabemos. Se le atribuye la creación de la fábula, aunque en realidad pertenecen a un género anterior a él, con raíces populares y tradicionales y cuya transmisión era oral, y que a partir del siglo V a.C. se le van atribuyendo, sirviendo su nombre como caracterización del género fabulístico. A Esopo se le ha llegado a considerar un personaje legendario, a pesar de ser mencionado en alguna ocasión por autores como Herodoto, Aristófanes, Platón, Aristóteles y en algunas fábulas anónimas griegas y en las de Fedro especialmente. Parece que pudo ser originario de Frigia o de Tracia, y Herodoto nos lo presenta como creador de fábulas y esclavo en la isla de Samos y que murió por una acusación falsa de un robo sacrílego. En el "Fedón" de Platón, Sócrates nos dice mientras espera a ser ajusticiado, que es...